Terapia floral y bulling en la escuela

En los últimos años, el bullying o acoso escolar se ha convertido en una verdadera alarma social. Los colegios y los temas de convivencia escolar aparecen cada vez más en la sección de sucesos de los diferentes medios de comunicación y no en las áreas relacionadas con educación o cultura, como cabría esperar. Incluso, con el desarrollo de las últimas tecnologías, aparecen nuevas y cada vez más sofisticadas formas de acoso, como el “happy slapping”, que consiste en grabar actos violentos y después subirlos a internet.

Como vemos, no es una cuestión que se limite a sectores sociales marginales y tampoco es un tema de “buenos” o “malos” colegios. La única constante es el desequilibrio de poder acosador-víctima y el intento reiterado por parte del agresor de dañar a la víctima de forma intencionada.

Según los expertos, en la actualidad el 6% de los niños en edad escolar es víctima de bullying.

El Dr. Dan Olweus, psicólogo noruego y pionero en “el estudio de la intimidación y su investigación”, además de creador de programas de prevención del acoso, explica que “un estudiante se convierte en víctima de acoso escolar cuando está expuesto, de forma reiterada y a lo largo del tiempo, a acciones negativas llevadas a cabo por otro u otros estudiantes”.

Estas “acciones negativas” van desde el acoso verbal, que minan la autoestima de la víctima mediante humillaciones, insultos, motes o propagación de falsos rumores, hasta el acoso físico con agresión directa (empujones, golpes, patadas) o indirecta (daños materiales en los objetos personales de la víctima o robos).

Las consecuencias del acoso escolar para la víctima son de profundo calado y pueden llegar en los casos más graves incluso al suicidio. En la mayoría de los casos, la víctima sufre esta situación de angustia y miedo en el más absoluto silencio, por lo que hay que estar alerta ante ciertos indicios y cambios de comportamiento en el niño.

Un escolar que está siendo víctima de acoso puede manifestar los siguientes síntomas y signos:

baja autoestima, tristeza, aspecto contrariado o afligido, miedo a ir al colegio, bajo rendimiento escolar, dificultad para conciliar el sueño, pesadillas, ansiedad, actitudes pasivas, trastornos fóbicos, depresión o trastornos psicosomáticos.

Muchas veces, los dolores y enfermedades que manifiestan son la expresión de su miedo y tortura interior, ya que somatizan en el cuerpo lo que no consiguen exteriorizar con palabras. Es por ello que no solo hay que prestar atención a lo que el niño dice, sino también a lo que expresa su cuerpo (dolores de cabeza, dolor de estómago, falta de apetito, enuresis nocturna, pesadillas etc.).

El papel de la familia y la escuela es primordial para la prevención y control del acoso escolar. Los padres deberían ser los encargados de supervisar la conducta de los hijos y educarles en cuanto a límites y normas de convivencia. Desgraciadamente, el ritmo vertiginoso de nuestra sociedad no siempre permite a los padres saber qué hacen sus hijos, a dónde van cuando salen, con quién juegan, cuáles son sus intereses, sus miedos o sus dificultades. Los profesores y cuidadores deberían prestar atención al comportamiento de los niños en el aula, en el patio y en los comedores, para detectar los posibles casos de acoso.

El perfil de la víctima de bullying coincide, frecuentemente, con un tipo de niño frágil y sensible, tímido y retraído, que no sabe reaccionar por vergüenza o conformismo. En general son niños con baja autoestima y pocas habilidades sociales. El niño acosador consigue, mediante amenazas constantes, insultos, agresiones o vejaciones, imponer su poder y tener a la víctima bajo su completo dominio, destruyendo su autoestima, confianza, seguridad y libertad.

Todos estos desequilibrios emocionales ocasionados por el acoso escolar, pueden ser abordados ecológicamente desde la Terapia Floral del Dr. Bach.

La Terapia Floral no pretende, en ningún caso, sustituir ningún otro tratamiento, al contrario, es una terapia complementaria al tratamiento psicológico, psicopedagógico, etc.

Dentro del Sistema floral existen remedios especialmente indicados para reconstruir la autoestima y la propia confianza (Larch), ayudar a expresar los miedos y restablecer la capacidad de enfrentarse a las situaciones (Mimulus), reconocer los pensamientos angustiantes y pedir ayuda (Agrimony), fortalecer la personalidad y aprender a negarse y a no someterse (Centaury), reducir la presión interna y los pensamientos de suicidio (Cherry Plum), atender estados de terror, pánico y pesadillas (Rock Rose), sentimientos de culpa y no merecimiento (Pine), tristeza profunda, depresión y desmotivación (Mustard), angustia mental extrema, angustia existencial (Sweet Chestnut), entre otros.

Cada niño, en función de su propia personalidad y la forma en que reacciona ante lo que le sucede, necesitará una combinación de remedios específica. No existen fórmulas genéricas, de hecho los remedios deberán ir adaptándose a los diferentes cambios emocionales del niño en el transcurso de las visitas. El Terapeuta Floral se ocupará de averiguar cuáles son los patrones mentales y emocionales negativos predominantes en el pequeño, facilitándole un entorno terapéutico seguro donde pueda expresar libremente sus temores y dificultades, pero también todos sus anhelos, todos sus sueños, todas las inquietudes de su alma.

By | 2018-03-04T10:22:36+00:00 enero 22, nd, 2016|BLOG|0 Comments